15.8.06

 

toda la verdad

hoy volví a cocinar, no porque haya decidio retomar la dieta o comenzar a tener una alimentación sana, ni siquiera porque me haya cansado de la comida chatarra, es sólo porque tuve tiempo. además, hoy llovió, y ayer también y aunque se que para algunos esto no es nada raro en mi caso es algo ligeramente poético y signo inequívoco de que mi vida va por el sendero correcto (cuánto daño me hizo ally mcbeal).

hace no mucho me consideraba dueño de un espíritu exquisito e inquebrantable, de esos que no suelen verse y que todo el mundo debía amarme no por ser perfecto pero por ser humano, y por poseer una cantidad considerable de características inclasificables en buenas o malas; creí ser el dueño del más sublime sex appeal y de una interminable buena conversación; de un apetecible físico y una inmejorable gestión de las artes de la cama. no es que estuviera equivocado, pero a ciencia cierta ni siquiera puedo decir que mi ortografía sea excelente. eso es, dejé de buscar la perfección, de intentarla y de prentenderla; no sólo como deporte sino como compulsión.

además yo creía en el amor, y sin que suene demasiado barato, me refiero a cuando crees que un día entrará alguien por la puerta (cualquier puerta) y entonces te mirará a los ojos y notarás en tu ropa interior que hasta allí llegó la búsqueda... eso último es lo que me molesta desde hace unos días, la estúpida idea de emprender la búsqueda del amor. no sé en que momento la compré, en que instanté me lo creí... y bueno, cómo a todos nos pasa, cuando se nos cae el castillo sólo queda una cosa en pie: el sexo. divertido, placentero, real, asequible. por eso es que hay tanta promiscuidad en el mundo, porque a muchos de nosotros el cuento del amor se nos terminó; no digo que no exista, es sólo que lo hace en términos muy distintos a lo que nos han hecho creer.

aclaradas las raíces de mi actual semi-amargura, porque me resisto a creer que esté amargado cuando me puedo dar el lujo de divertirme tanto como hago últimamente. sólo puedo decir, que con el corazón roto jugué a ser promiscuo. y me gustó, sin culpa, sin remordimiento y, eso, es lo más divertido.

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